ASPECTOS GENERALES DEL ESTUDIO
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Vargas (2000) describe la trayectoria como la “sucesión de actividades de
desarrollo que implican una educación formal e informal, una formación y una
experiencia laboral idóneas que conducen al individuo a puestos de mayor
jerarquía” (p. 3). Este concepto se complementa con lo expresado por Boado
(1996) sobre la forma en que la reconstrucción de las trayectorias permite
recuperar el bagaje de saberes, habilidades y destrezas adquiridas por el
egresado o trabajador en el desarrollo de su vida profesional. Vargas (2000)
incluye la noción
grado de libertad
para señalar la disposición secuencial con la
que se realizan los movimientos de una carrera laboral, entendida esta como la
historia laboral que es común a una porción de la fuerza de trabajo y a una
estructura de mercado dentro de la cual se desarrollan las vidas laborales de
los egresados (Jiménez, 2009, pp. 2-3).
Si bien la formación profesional tiene importancia en el desempeño laboral de los
egresados, también se ven influidos por otros factores como: las características de las
personas (edad, sexo, valores, expectativas), el origen tanto familiar como social
(educación, ocupación de los padres, grupo racial, lugar de residencia, condiciones de
vida) y la trayectoria educativa (promedio de licenciatura, tiempo dedicado al estudio,
motivación, competencias, expectativas, entre otras).
Con respecto a la trayectoria laboral se consideran: ritmos de incorporación de los
egresados al mercado laboral, medios utilizados para vincularse, desarrollo profesional
(evolución y movilidad en puestos de trabajo), ubicación en el mercado laboral y
condiciones de trabajo (la satisfacción con su trabajo es un buen indicador de éxito
profesional). Esto se confronta con la formación que reciben los individuos, es decir, se
compara lo que se les enseña con lo que necesitan desarrollar en su trabajo.
Una forma de profundizar en los estudios de egresados es a partir de las trayectorias
escolares y laborales. Esto implica analizar el recorrido histórico y biográfico para abordar
los aspectos que dependen de las pautas institucionales y de los aspectos propios del
egresado, pues, como señala Fresán Orozco (1998), muchos de los estudios de
egresados no profundizan ni se realizan análisis interpretativos que sirvan para la
reflexión institucional sobre los cambios que las universidades deben operar.
Además, se debe hacer hincapié en que el análisis de las trayectorias de los egresados
permite dar seguimiento a su desarrollo. Esto implica estudiar los casos longitudinalmente
y que se pueda entrevistarlos por lo menos dos veces después de que egresaron de la
institución. De acuerdo con Valenti Nigrini y Varela Petito (2003), con base en la
experiencia, se recomienda entrevistar una primera vez al menos tres años después y la
segunda después del quinto o sexto año de egreso.